Este es uno de esos postres que hago cuando quiero algo dulce, rico y sin complicarme la vida. Además, es súper ligero y queda cremoso, ¡me encanta!
Yo suelo usar leche de coco o de soja para hacerlo sin lactosa, pero si no tienes problema con eso, puedes usar la leche que tengas en casa sin ningún problema.
Primero, en un bowl mezclo todo: las yemas, la leche, la fécula de maíz, el bicarbonato, el azúcar mascabo, la stevia y la esencia de vainilla. No tiene ningún secreto, simplemente mezclar bien hasta que quede todo integrado.
Después llevo la mezcla a fuego medio y acá viene la clave: hay que remover constantemente. Yo no dejo de mezclar para que no se formen grumos y poco a poco vas a ver cómo empieza a espesar y tomar una textura cremosa riquísima.
Cuando ya está en su punto, lo retiro del fuego, lo dejo enfriar un poco y lo paso a moldecitos individuales.
Luego lo dejo enfriar bien… y listo
Queda un postre suave, dulce en su punto y perfecto para sacarse el antojo sin culpa.